Vibra la mayor parte de España con la selección española de fútbol, convertida en maquinaria bien engrasada para ganar partidos básicamente procurando meter algún gol al adversario e impidiendo que éste meta ninguno, una estrategia diseñada con cerebro y que ha dado muy buenos resultados. De hecho no había llegado tan lejos en un mundial de fútbol nunca. Y esto, entusiasma a la ciudadanía y le hace sentirse orgullosa de su selección, que representa a su país, por eso es frecuente que cuando la gente comenta el partido lo haga en primera persona del plural, "ganamos", "jugamos muy bien", "nos lo merecíamos".
Cuando algo funciona bien, lo mínimo que podemos hacer es tratar de comprender el porqué de las cosas. No dejan de ser 24 personas incluido el seleccionador, que ha decidido agrupar a tales jugadores y decide cómo se deben jugar los partidos en función del adversario. Dispone para ello de tres porteros, seis defensas, nueve medios y cinco delanteros, para mantener 11 jugadores en el campo y derrotar al adversario.
Luego está todo lo que queda fuera del terreno de juego, el público, posiblemente la principal motivación personal de cada uno de los jugadores seleccionados. Personalmente cada jugador además sabe que pasa a la historia del fútbol español y mundial, lo cual no es poco como motivación. Y antes que nada, para ser seleccionado es necesario poseer una calidad demostrada, estar entre los mejores jugadores de fútbol del país, de un país de cuarenta y tantos millones de habitantes.
Ahora vamos al meollo del asunto, ya sabemos cómo funciona una selección de fútbol que obtiene buenos resultados, y así se le exige que funcione como es lógico. ¿Y si funciona tan bien en el fútbol, en qué podemos aplicar el sistema?. La mecánica es la respuesta, ninguna de las piezas de una selección puede obrar contra la propia selección, el portero no puede tratar de colar goles en propia meta, los defensas no pueden cambiar de bando y decidir convertirse en delanteros del adversario aprovechando la proximidad a la propia meta, los medios no pueden dedicarse a pasarle balones al adversario, y los delanteros no pueden despejar los balones de su propio equipo en dirección contraria ejerciendo de defensas del adversario.
La selección de fútbol funciona por haber un pacto de lealtad entre los componentes de la misma, todos juegan en el mismo equipo y ninguno obra para perjudicarlo. Apliquemos ahora este análisis al funcionamiento de las administraciones en que se reparte el territorio y los ciudadanos de España. Por la posición a la hora de legislar, el gobierno de la nación cumple una función similar al seleccionador, aunque no sea capacidad suya seleccionar a los jugadores. En lugar de 23 jugadores, nos vamos a conformar con 17, que son las administraciones autonómicas que hay en España. Y por último queda el público, los espectadores que son los votantes. Como estructura, es asimilable simplificando bastante, pero a la hora de legislar cada autonomía no deja de ser equivalente a cada jugador de la selección, se debe a su público que son los votantes.
¿Existe lealtad similar a la que necesariamente deben de tener los jugadores de una selección de fútbol entre la selección de administraciones?. No lo parece, desde luego, más bien es como si en el equipo hubiera jugadores dispuestos a anular y boicotear todas las decisiones del seleccionador, con motivo o sin él. Y la explicación es lógica, estos jugadores se consideran antes que nada miembros de otro equipo, y enemigos declarados del seleccionador y de la selección, por no creer que sea bueno que gane nunca, a ver si así se marcha de una vez. Así se produce el espectáculo surrealista de emplear la estructura del estado para perjudicar al gobierno desde el propio estado. El modelo no funciona y nos vamos a encargar de demostrarlo.
Y los ciudadanos, como el público, queda fuera de juego excepto para sufrir los resultados, a este equipo lo mínimo que se le debe de exigir es que practiquen la lealtad institucional y no jueguen contra su propia selección desde dentro, cosa que al parecer en España se ignora en abundancia. Lo que se quiere transmitir es exactamente eso, que toda decisión que tome el gobierno de la nación será interpretada de la manera que más perjudique a los ciudadanos para hacerles conscientes de la maldad de la decisión, que hay capacidad de obstruir y sabotear el funcionamiento del estado desde dentro del propio estado.
La deslealtad institucional como sistema lleva a que el modelo se extienda desde las autonomías hasta los ayuntamientos, que se agrupan en un frente de "ayuntamientos en la oposición" como si tales labores se pudieran ejercer fuera de las cámaras de representantes por parte de administraciones. Porque es el caso que en España existe la agrupación de "autonomías en la oposición", que son las gobernadas por el partido en la oposición en el parlamento de la nación, no existiendo en parte alguna referencia a la posibilidad de crear grupos de estructuras administrativas para ejercer la oposición fuera de los propios parlamentos o ayuntamientos, pero es lo que se ha hecho.
¿Qué se quiere transmitir hacia el exterior cuando una parte del equipo juega contra su propia selección? Pues que si alguien decide obrar de manera incontrolada y no se puede hacer nada por impedirlo, no existe poder superior por no poder imponer sus criterios ni sus leyes. En una autonomía "en la oposición" la máxima representación del estado es el propio poder autonómico, por no aceptar decisiones de rango superior alguno, al estar en fase de oponerse al propio estado. Lo mismo rige para los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, al parecer estos poderes tan presuntamente separados e independientes entre sí, están en el gobierno o "en la oposición", como si de parlamentarios se tratase.
No es una casualidad ni es un error de interpetación de unos políticos que tienen empleos como por ejemplo abogados del Estado, y no pueden alegar desconocimiento de las leyes. No es normal este espectáculo de asociaciones de funcionarios, fundaciones variadas, administraciones locales y autonomómicas, tribunales superiores varios, gobiernos autonómicos con sus consejerías correspondientes, más de un millón de funcionarios destinados a ejercer la "oposición" al estado, no parece que exista tal modelo en ningún país europeo.
Lo peor del asunto es que esta rebelión de reinos de taifas tiene su origen es que sean descubiertas unas tramas de corrupción organizada, aunque originariamente se haya planteado como una manera de hacer visible que no se aceptan los resultados electorales salvo si se gana, lo cual no es muy democrático. Así que el espectáculo de tu legislas algo, yo legislo para anularlo, no es algo nuevo, lo que pasa es que ahora se ha entrado en la fase virulenta, ya que de por medio hay delitos penados con prisión.
Así que la pregunta es si se puede exigir lealtad institucional a las instituciones en España o se acepta que los jugadores de la selección pueden jugar a que pierda por goleada, y lo que hasta ahora se ha visto, es que la selección de las administraciones españolas no es un buen equipo, pues una parte significativa juega a tirar contra la propia meta.

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