Es evidente que las sucesivas normas laborales puestas en funcionamiento en España desde finales de los años 70 del siglo XX han sido un rotundo fracaso, pues sirvieron más para maquillar las cifras de desempleo dando el cambiazo por las de puestos de trabajo creados, gracias a la temporalidad y rotación laboral entre modalidades de contratos eventuales. ¿Hubieran sido normas refrendadas por los ciudadanos en caso de haber sido obligatorio el someterlas al voto de los ciudadanos en referendum?
Si las decisiones públicas están sometidas al control de los ciudadanos siempre las leyes generarán una mayor aceptación, por haberlas votado los mismos y por tener margen para modificarlas por iniciativa popular legislativa, y de someter su aceptación a un plebiscito. El modelo de democracia representativa pura y dura, busca eliminar estos procesos. Y hacen bien, porque permitir la iniciativa legislativa popular podría obligar a un partido a desarrollar una ley prometida por ejemplo en un programa electoral, y obligar a la consulta de las normas podría suponer demasiadas ataduras al sistema clásico caciquil hispánico.
Por fechas, podemos hacer una comparativa estilo vidas paralelas entre el sistema más consultivo del mundo, que es Suiza, y uno representativo puro como es el español. Allá hacia finales del siglo XVIII andaba Europa revuelta e inmersa en sus enfrentamientos por tierra y mar, por no existir maquinaria bélica aérea. Rusia, el Imperio Austro Húngaro, Francia, España y Gran Bretaña, básicamente andaban a palos agrupados en alianzas para guerrear. Y en esas andaban cuando estalló la Revolución Francesa, bueno eso es lo oficial, la verdad es que todo había empezado con la independencia de las colonias británicas de América, a las que siguieron revoluciones en Irlanda, Bélgica y Holanda . En 1789 España cerró sus fronteras con Francia para impedir la entrada de las ideas de la Revolución Francesa y la Inquisición se encargó de perseguir a su simpatizantes. La situación de Francia es la que dio origen a la primera coalición europea contra Francia formada por Austria, Prusia, España e Inglaterra al caer la monarquía francesa en 1792 para disgusto del resto de las coronas europeas.
Y viene esto a cuento porque España ocupó el Rosellón francés inicialmente, pero el resultado final fue que los franceses acabaron ocupando Cataluña, País Vasco y Navarra y el territorio hasta Miranda de Ebro. Los acontecimientos del final de la Guerra del Rosellón son dignos de contarse con más detalle; "El 2 de agosto de 1794 las tropas francesas cercaron las Provincias Vascas y en 36 horas llegaron a San Sebastián sin encontrar resistencia. La ocupación de San Sebastián no fue un hecho de armas. Varios politicastros guipuzcoanos se dejaron seducir por el general Adrien de Moncey, quien les prometió convertir la provincia en República independiente. Estos crédulos hombres... entregaron la ciudad a los franceses..." Manuel Godoy, Memórias del Príncipe de la Paz". Días después vizcaínos y alaveses se rendían en masa y el 26 de agosto el alcalde declaraba no la prometida república, sino la sumisión total a Francia, ya que al ser reclamada la misma, Salbert Pinet, comisionado de Napoleón, ordenó el encarcelamiento de 40 de ellos." El resultado fue que España salió de la coalición firmando La Paz de Basilea (1795) firmando la paz con la Francia revolucionaria, España a cambio cedía su parte de la isla de Santo Domingo a Francia, parte que ya nunca volvió a serlo en realidad. Pero el cambio de bando y su posición de nuevo aliado de Francia no libró a España de la ocupación napoleónica.
Francia, a continuación ocupó Suiza (1798) e impuso una constitución que la convertía en un satélite de Francia, aboliendo la organización en cantones de la Antigua Confederación Suiza que fue sustituida por la llamada República Helvética. Pero dado que los suizos no combatían si era bajo tal nombre en 1803 tras reunirse con los representantes políticos suizos, Napoleón accedió a derogar la República Helvética y reconocer la autonomía de Suiza y su estructura como Confederación de Cantones. Para esas fechas España había pasado de un bando al otro directamente, tras el tratado de San Ildefonso y el Convenio de Aranjuez, y aprovechando la alianza de Portugal con Gran Bretaña, enemigo de la aliada Francia le declaró la guerra de los vecinos portugueses en el episodio llamado La Guerra de las naranjas, conflicto bélico surrealista donde el ejército español ocupa unos pocos pueblos portugueses en la frontera de ambos países sin encontrar oposición alguna y que al cabo de un mes se soluciona con un tratado que devolvía a Portugal los terrenos ocupados, menos una villa, a cambio de la cesión de unos remotos territorios en el interior de Brasil de los que nunca más se supo, la broma de Godoy no le debió de hacer gracia a Napoleón y debió de sentir que le habían vacilado de mala manera. El Rey y su heredero mientras tanto conspiraban el uno contra el otro y buscaban la protección y el apoyo de Napoleón, entregándole el trono cada uno por su cuenta.
Y la alianza no sale gratis para España, pues los tratados obligan a participar económicamente en apoyo de Francia y a participar militarmente, así que allí se fueron ambos de la manita a la Batalla de Trafalgar, y como andaba la flota diezmada por la epidemia de Fiebre Amarilla que padecía Andalucía desde 1802, y los barcos carecían de mantenimiento, se recurrió al parcheo de barcos y el reclutamiento forzoso del que no pudiera huir de las autoridades, así que los responsables de la flota sabían que con lo que había sólo podían ir a un sitio, al fondo del mar. Tras la derrota, el resto de los barcos de la flota se pudrieron en sus amarres los siguientes años. España ya no era una potencia marítima y su imperio había sido ultramarino, no continental. Total, que para cuando las potencias europeas reconocieron la neutralidad permanente de Suiza en el Congreso de Viena, tras la derrota de Napoleón, España se vio obligada a devolverle a Portugal la villa de Olivenza que permanecía en su poder desde la Guerra de las Naranjas, y se concentraba en el retorno al régimen absolutista.
El inicio del siglo XIX dejó las cosas así allá por 1815.Para 1848 los suizos se constituían en estado federal con una Constitución según el modelo estadounidense, y España se había tirado todo ese tiempo entre el absolutismo y la Constitución española de 1845, que era justamente lo contrario se aumentaba el poder del rey y se declaraba la confesionalidad del reino. A partir de ahí los caminos pasan a ser divergentes, mientras Suiza avaza hacia más derechos y representatividad de los ciudadanos, España refuerza el modelo autoritario basado en la burocracia estatal.
En el 1869 una revisión total de la constitución suiza introdujo los referéndumes obligatorios para todos cambios de la constitución y todas leyes, la elección del gobierno cantonal por los ciudadanos en vez del parlamento, la abolición del empleo vitalicio para los funcionarios y impuestos progresivos sobre la renta y los bienes. Y esta vez en España aparece una constitución democrática en 1869, resultado de la Revolución de 1868, llegando a ser una república federal a partir de 1873, pero el pronunciamiento del general Martínez Campos en 1874 pone fin a esta etapa restaurándose la monarquía borbónica, con un sistema bipartidista en el que el partido en el poder traspasaba el poder al otro y después convocaba unas elecciones que legitimaban el procedimiento, para lo que se empleaba el pucherazo como método normal de amañar elecciones, además de contar con los "lázaros" (votantes fallecidos que votaban como resucitados) y los "cuneros" electores inscritos irregularmente en circunscripciones que no les correspondían, el voto rural lo controlan los conocidos como caciques de cada zona.
Para 1891 los suizos ya tenían iniciativa popular legislativa, el referendum, el referendum facultativo legislativo y vivían en una democracia directa, es decir los ciudadanos controlan totalmente a sus representantes y pueden tanto impulsar como modificar leyes según sus intereses y conveniencia, incluyendo la constitución. La constitución suiza de 1848 sigue en vigor en el siglo XXI, adoptándose una versión actualizada en 1999 que no introdujo cambios notables sobre la anterior, pues el modelo de democracia representativa directa les ha funcionado razonablemente bien hasta ahora.
En ese mismo período de tiempo, España osciló entre el golpismo y el totalitarismo, aspirando como mucho a una democracia representativa, y aunque se dice en la constitución de 1931 que se legislará la iniciativa popular, pero en los dos bienios anteriores a la Guerra Civil se hace en el primero muchas iniciativas legislativas, para deshacerlas todas en el segundo bienio, así que no da tiempo a que se legisle la participación directa, todo queda en un sistema representativo indirecto controlado por los partidos políticos. Y ésto en sólo cuatro años, al empezar la guerra entre el gobierno de la república y los militares sublevados en el verano de 1936, así que para 1939, terminada la contienda y derrotadas las tropas del gobierno republicano, se restaura el absolutismo mediante una dictadura militar cuyo jefe del estado es un general erigido en "caudillo" de los sublevados. El nuevo régimen como no podía ser de otra manera desarrolla un sistema de partido único que denomina democracia orgánica, el estado decide quienes van a ir a cargos de electos y los ciudadanos votan favorablemente a la lista única.
Por fin en 1978, tras la muerte del anterior jefe del estado se inicia un nuevo proceso democrático en España, pero la nueva constitución deja la participación y la democracia directa en un "se legislará...", cosa que se hace, sí, pero para enumerar todas las trabas y limitaciones imaginables a fin de que la iniciativa legislativa popular tenga todas las papeletas para no pasar de una papelera, la nueva democracia española se decanta por un sistema de democracia representativa indirecta sin ni el más mínimo resquicio de democracia participativa.
Y en eso llegamos al siglo XXI, tras doscientos años de caminos divergentes en la idea del modelo democrático de unos y otros. La pregunta final es, ¿se puede decir que el modelo español es tan democrático como el suizo?, ¿es mejor que los ciudadanos no sean consultados salvo cita electoral de ninguna decisión que tomen sus representantes?, pues será muy bueno, pero no ha impedido que se legislara tan acertadamente que España tiene los mayores índices de precariedad laboral y desempleo de Europa, gracias a las leyes sucesivas que han logrado un mercado laboral totalmente disparatado, añadiendo un grado de protección social raquítico para un gasto enorme en la misma, es decir una ineficacia total del gasto público que apenas llega a los bolsillos de los ciudadanos y como mucho a través de desgravaciones en los impuestos en las que el que más gana más se desgrava.
El asunto es que no se consulte nunca a los ciudadanos, no se vayan a equivocar, y que éstos tampoco puedan hacer nada frente a lo legislado por ser imposible tanto el proponer leyes como el modificar las aprobadas, para eso, se puede ir a votar cada cuatro años y el que quiera que proponga cambiar la ley en su programa electoral, que luego si no lo hace, tampoco pasará nada, pues no existe control alguno de los representantes públicos ni de sus actos administrativos. Luego pasa lo que pasa.

No hay comentarios:
Publicar un comentario