Un interesante artículo puede obligarnos a plantearnos algunas cosas que no se nos habían pasado por la cabeza desde finales de los años 70. Llevamos décadas oyendo a los representantes de los ciudadanos hablar de la democracia que los españoles "nos dimos a nosotros mismos", mucha gente lo repite pero sin pensar en realidad quienes son "nosotros".
El esclarecedor artículo de Xabier Roig titulado "Parlamentos de funcionarios" nos desvela una situación que era más que evidente para cualquiera que buscase los perfiles profesionales de los cargos electos en la gran política, pues para pequeños ayuntamientos valen con los del pueblo y además sirven para argumentar que hay mucho político que es ajeno a la función pública. Y es verdad, en sitios donde no vive ningún funcionario, los cargos electos son vecinos, ganaderos, agricultores, pero no funcionarios.
Con esta participación de los de fuera en donde nadie quiere ir se cubre el expediente para poder decir que "muchos" políticos no son funcionarios. Pero este argumento se hunde por su propio peso cuando se comprueba que para ir en las listas de los partidos a los puestos electos de ámbito nacional o autonómico, así como a los grandes ayuntamientos, el 75% de los que allí están sí son funcionarios.
Y eso considerando como personal que desempeña profesiones liberales a notarios y registradores de la propiedad, por si faltaba coña en el asunto. Lo preocupante es que si las listas las elaboran los partidos políticos y éstas están repletas de funcionarios, es evidente que tienen el control de los partidos políticos españoles.
¿Y qué amplísima mayoría de la sociedad acapara la representación política?, pues una pequeña parte del 5% de la población que es funcionaria, el restante 95% de la ciudadanía se queda sin representación ni posibilidad de asomar por tan corporativista cueva. Quienes legislan en España desde el final del franquismo son curiosamente los funcionarios trasmutados en representantes de los ciudadanos en la democracia. Como Fraga o Aznar sin ir más lejos. Pero como Almunia, Borell o el mismísimo Julio Anguita, también, todos ellos funcionarios.
Y nos venden una preocupación por la modernización de la sociedad de lo más ejemplar, por ejemplo luchan por la igualdad de género, para esto, fomentan la paridad de miembros en la lista electoral cerrada de truno. Cuando uno se preocupa de saber quienes son los de la lista, la paridad empieza a sonar a cachondeo, es paridad dentro del corporativismo funcionarial, la lista se compone de un funcionario, una funcionaria, un funcionario, una funcionaria, así hasta el final, aunque puede que hacia el final de la lista aparezca alguno que en lugar de funcionario pertenezca a una empresa pública.
Así que lo mejor es avanzar un poco más en la igualdad real que sale de la proporcionalidad con la estructura de la sociedad, es decir, añadirle a la justa paridad la lógica condición previa de la representatividad social. Si esto fuese así, no podría haber más de un 5% de funcionarios en ninguna lista electoral nacional, municipal o autonómica. ¿Se legislaría entonces para mantener privilegios corporativistas y perjudicar al resto de los ciudadanos?.
El franquismo no fue la dictadura de un tipo metido en un despacho de un palacio, fue todo su aparato burocrático funcionarial como en todas las dictaduras. No hay que olvidar que antes de haber democracia, ya se encargaron desde el poder de ser convertidos todos ellos en funcionarios vitalicios, y en un país como España, donde el nepotismo llamado coloquialmente enchufismo es la manera clásica de acceder a la función pública, los de dentro colocaron a los suyos en cuanto pudieron, ahora son la administración, los parlamentos y los partidos todo junto a la vez.
Este mismo esquema es el que se llamaba Movimiento Nacional y Democracia Orgánica, y su existencia y defensa numantina de su estatus es lo que impide la participación ciudadana real. Son la prueba de que realmente todo quedó "atado y bien atado" y explica la frase de Pío Cabanillas que decía que ganase quien ganase habían ganado ellos (es decir el funcionariado de la dictadura reconvertidos en representantes de la democracia).
De esto, como de democracia directa, o consultiva o participativa, los señores de los partidos no dicen nada, callan porque saben la verdad y no desean que los ciudadanos se den cuenta del engaño. Pero tarde o temprano todo se acaba sabiendo.

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