martes, 16 de marzo de 2010

Historia de un desamor con redondeo al euro

España entró en la zona euro con gran alegría para los ciudadanos, el hecho de estar entre los países ricos de Europa por el hecho de compartir la misma moneda, llenó de orgullo a los españoles que aceptaron encantados de la vida la buena nueva. España había hecho bien sus deberes y era premiada con el ingreso en tan selecto club, los británicos, siempre tan aislacionistas como isleños, se habían quedado fuera. España era un país desarrollado homologable con el resto de países de la Europa rica, entre los Pirineos y los países del Este recién salidos de la órbita de la extinta URSS.

Lo bueno del euro, es que siendo una moneda única para todos los países de una amplia zona de Europa, la de mayor renta y riqueza, permite una gran estabilidad económica y facilita el intercambio de mercancías y su libre circulación, al eliminarse las complicaciones de cambio de moneda. Pero aunque la gente se maneje en euros, el precio de las cosas se mantendrá, simplemente se pagará en euros y en céntimos de euro en lugar de emplear las monedas de cada país.

Para ello, basta con una campaña publicitaria institucional avisando por ejemplo de que "un euro NO son cien pesetas", y debe de ser una campaña a través de todos los medios de comunicación, con anuncios para prensa escrita, radio y televisión, a fin de garantizar que el mensaje llega a todos los ciudadanos.

Y la zona euro es realmente homogénea...desde Hendaya hasta Polonia, aunque estadísticamente llega hasta el Estrecho de Gibraltar. Pero hay datos que no encajan demasiado bien en este paisaje. Algunos países del euro tienen unos datos muy semejantes, otros también, pero entre ellos, no con el resto. Los países del sur de Europa van por un lado, el resto por otro. Algunos datos son necesariamente prescindibles si se quiere ver la homogeneidad entre ambos grupos. Los salarios, el gasto en protección social, el desempleo, la pobreza o la precariedad del mercado de trabajo, son datos que es mejor eliminarlos para poder comparar sin que la cosa resulte ser cochambrosa.

España se adhirió a la Unión Europea en 1986, entonces los datos antes citados no aguantaban comparación con los de los países a los que con tanto entusismo se agregaba. Y durante décadas, España recibió numerosos fondos de la Unión Europea a fin de lograr una convergencia con los demás países miembros. Catorce años después de incorporarse al club, España ingresó en el euro con igual entusiasmo, los datos eran los mismos, el mayor desempleo, la mayor precariedad, bajo gasto social, ineficiacia del gasto, alto índice de pobreza, pero ahí estaba, en el pelotón de cabeza.

Un década después, lo que costaba cien mil, cuesta mil euros, pero cien mil pesetas de sueldo siguen siendo seiscientos euros, que es hasta donde ha llegado el salario mínimo español, y que es la mitad del comunitario. España entró en Europa y en el euro, pero los españoles se quedaron a las puertas de la una pagando los precios de la otra. Las estadísticas demuestran que la India es una gran potencia económica mundial, pero eso no supone que sus habitantes no sean pobres de solemnidad, es más, gracias a eso, es potencia mundial, por tener abundante mano de obra muy barata.

Pero tiempo y dinero ha habido a manta. Alemania, la gran potencia económica de Europa ha puesto mucho dinero como contribuyente neto, que ha ido a parar directamente a España. España entró en la Unión Europea con un mercado laboral dual recién estrenado como solución al elevado índice de paro, veinticuatro años después sigue estando igual, la diferencia es que la población integrada en la parte precaria del mercado dual ha ido creciendo a medida que se incorporaba nueva mano de obra a la población activa. Esto se ha corregido aumentando la franja de edad para que alguien pertenezca al colectivo de "jóvenes"; si en 1986 se consideraba tales a la población con edades comprendidas entre los dieciséis y los veintiséis años, actualmente ya se es joven, a fectos de desempleo, hasta los treinta y cuatro años. Ocho años más de plazo para ser joven parado.

El escenario dual era ideal para una maquiladora, un país con abundante mano de obra barata y precaria que tiene frontera con una zona de países altamente industrializados. Lo normal es que esto supusiera un desplazamiento de las industrias hacia allí, en busca de una mano de obra más barata que la de sus países de origen con altos salarios, elevados impuestos y un gasto social en políticas de bienestar muy elevado. Y esta era una solución, las insdustrias europeas se asentarían en España para ahorrar gastos con respecto a sus países de origen.

Pero el gafe que parece perseguir a España en los últimos siglos se hizo patente de nuevo; de repente, el bloque del este se volatilizó, Alemania se unificó, y los nuevos aspirantes a entrar en la Unión Europea estaban mucho más cerca que la remota y soleada España. ¿Para qué buscarse una maquiladora en la otra punta de Europa si los nuevos países ofrecían mano de obra aún más barata y en mejores condiciones?. Ya es mal fario, los nuevos pobres de Europa hacían frontera con el gigante alemán, ya no era necesario mover factorías al remoto sur, se podía hacer a escasos kilómetros. Digamos que la desaparición del Telón de Acero pilló a España con el paso cambiado.

Y con el mismo paso cambiado se quedó todo congelado, un escenario perfecto para maquiladoras, pero sin maquiladoras, un pequeño error de cálculo. Ahora si uno le pregunta a los ciudadanos por Europa y el euro, ya no es entusiasmo lo que demuestran. Casi todo el personal dice lo mucho que han subido los precios a cuenta del euro y lo poco que lo han hecho los salarios, la mayoría de la gente dice tener menos capacidad adquisitiva que antes de el euro, ganan lo mismo o poco más, pero pagan el doble por lo que costaba la mitad hace una década. Lo de España con el euro y Europa no resultó al final tan bonito como lo presentaron.

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