
Una bolsa de patatas, una lata de aceitunas, unos rollos de papel higiénico, unas latas de refresco. Esto sería el contenido de una cesta de la compra o una ley, por ejemplo la de economía sostenible. Si fuera eso lo que hay en la bolsa, nadie notaría nada raro, quizá la gente se fijase en si las aceitunas son con hueso o rellenas de anchoa, o si el papel higiénico es del suave o está hecho con papel de lija reciclado y mezclado con trozos de vidrio, o si el refresco advierte que tomar más de tres puede provocar un paro cardíaco, o si los conservantes de las patatas tienen menos o más de veinte componentes cancerígenos. El tema será la bolsa de la compra.
Pero si al ponerse en la cola de la caja, aparte de la bolsa con las cuatro cosas, uno lleva en brazos una muñeca hinchable inflada, va jugando con un vibrador de cuarenta centímetros (de grosor, del largo mejor no hablar) y encima de la cabeza lleva un gorro con un miembro de tres metros balanceándose sobre la cabeza de la cajera, seguro que nadie se fija en la bolsa con la compra. Lo más probable es que la gente hable de lo que más llama la atención.
Se ha aprobado el proyecto de ley economía sostenible, que a juzgar por lo que se lee en los medios, consiste en que una tal Sinde podrá entrar en los domicilios donde haya una conexión a internet y patearle las partes pudendas al cibernauta, previa aprobación por parte de una pequeña camarilla de funcionarios metidos en un ministerio. En resumen, cuando hagas leyes de economía sostenible no mezcles leyes sobre restricciones, sanciones, prohibiciones o cortes de internet en el mismo paquete o lo único que quedará es que se trata de una ley para censurar internet por parte de unos cuantos funcionarios, que es como lo de la cola del super pero en plan estúpidamente ridículo.
Pero si al ponerse en la cola de la caja, aparte de la bolsa con las cuatro cosas, uno lleva en brazos una muñeca hinchable inflada, va jugando con un vibrador de cuarenta centímetros (de grosor, del largo mejor no hablar) y encima de la cabeza lleva un gorro con un miembro de tres metros balanceándose sobre la cabeza de la cajera, seguro que nadie se fija en la bolsa con la compra. Lo más probable es que la gente hable de lo que más llama la atención.
Se ha aprobado el proyecto de ley economía sostenible, que a juzgar por lo que se lee en los medios, consiste en que una tal Sinde podrá entrar en los domicilios donde haya una conexión a internet y patearle las partes pudendas al cibernauta, previa aprobación por parte de una pequeña camarilla de funcionarios metidos en un ministerio. En resumen, cuando hagas leyes de economía sostenible no mezcles leyes sobre restricciones, sanciones, prohibiciones o cortes de internet en el mismo paquete o lo único que quedará es que se trata de una ley para censurar internet por parte de unos cuantos funcionarios, que es como lo de la cola del super pero en plan estúpidamente ridículo.

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