Pues pasa que las autoridades no quieren reconocer que la cagaron bien cagada y antes que reconocerlo están dispuestas a contaminar el planeta si hace falta. Debe de ser que temen que si lo reconocen les partan la cara hasta en su propia casa. Cojonudo final para la admirada revolución Meiji que convirtió a los señores feudales en empresarios, a los samuráis en ejecutivos y a los siervos en siervos industriales en lugar de agrícolas, soberana mierda tan admirada en países a los que les gusta demasiado no salir de la Edad Media y del feudalismo encubierto, y no señalo a nadie.
Así que como fuente informativa no son fiables en absoluto, como muchas presuntas autoridades del resto del planeta, por lo que la pista de lo que pasa hay que seguirla por los indicios de terceros. El primer indicio de que la cosa era mucho más grave de lo que se quería reconocer fue que los norteamericanos alejaran a los barcos de la Séptima flota de la zona próxima al reactor. El segundo indicio fue que el gobierno de Estados Unidos avisara a sus ciudadanos de que ni se acercaran a menos de 80 kilómetros de la central de Fukushima y sus reactores emisores de radiación a granel, por entonces las autoridades japonesas y los medios de comunicación más increiblemente irracionales daban por buena la zona de 20 kilómetros alrededor del desastre como suficiente.
Esta misma semana, el día 21 para ser exactos, sin que ningún medio español dijera nada de lo mismo, se pudo saber que Estados Unidos había sacado TODOS los barcos de la Séptima Flota de la base de Yokosuka, la mayor base americana en Japón y estaban pensando en la evacuación de todo el personal de la misma, dado que bastante antes ya se les dijo que evacuaran a los familiares de la tropa allí destinada. Como nadie se ha hecho eco de esto, y no sabemos inglés por ser pueblo incapaz de aprenderlo siempre que lo haga en suelo español curiosamente, podremos ignorar que Yokosuka está a la entrada de la Bahía de Tokio, a unos 50 kilómetros al sur de la capital, y a 300 kilómetros de Fukushima.
Así que estos pequeños detalles ocultos a la opinión pública, esperamos que por la simple falta de profesionalidad de los plumillas del reino, son los que uno emplea para calcular la envergadura de la catástrofe nipona...y mundial.

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