Asombrosos datos, un estudio de todas las cuencas hidrográficas de España entre 1945 y 2005 concluye que los caudales han sufrido un descenso generalizado durante este período. Increíble, han desaparecido en menos de 20 años todos los glaciares pirenaicos y neveros perpetuos de las cosrilleras españolas y alguien se asombra de que haya menos agua en los ríos. Todas aquellas nieves perpetuas existentes en 1945 son ahora mismo pedregales de montaña, no queda nieve. Sin nieve en el deshielo hay menos agua que paraíso sin tetas.
Los últimos cálculos de la Agencia Estatal de Meteorología, indican que las temperaturas máximas en la España peninsular aumentarán entre tres y seis grados entre 2071 y 2100 respecto al periodo de referencia 1961-1990, y las proyecciones estiman que la temperatura mínima se incrementará entre dos y cinco grados. Un aumento de la temperatura mínima en dos grados en España equivale a decir que lo será en la generalidad del planeta, dos grados más de mínima suponen una subida rápida del nivel del mar. Esto provoca una ocupación de la costa por parte del mar que hará retroceder los deltas para convertirlos en rías al quedar sumergidos.
Las barras de arena costeras y la primera línea de playas serán zona marítima. Subirá el nivel de los humedales costeros por infiltración del agua de mar invadiendo zonas urbanas. Las tierras de cultivo situadas al nivel del mar en las zonas costeras serán ocupadas por el mar. Un incremento de seis grados en las temperaturas máximas hará casi inhabitable el centro peninsular desde primaver a otoño, a ver quién vive en Valdeluz o Seseña en verano con 48 grados centígrados y con aire procedente de cualquier dirección recalentado. Los gastos de refrigeración harán inviable cualquier actividad que no sea pasear camellos del norte al sur de España, vestidos de beduinos para soportar las temperaturas.
Donde lloverá más será en la vertiente sur del Mediterráneo, por lo que como en los tiempos de Roma, el granero será el norte de África. Las costas hispánicas se adaptarán a la descripción que de ellas hicieron los fenicios, griegos y romanos, al recuperar el nivel del óptimo climático romano, por lo que los textos clásicos volverán a ser útiles derroteros náuticos al aparecer islas que ahora son tierra firme. Algunas de las actuales playas fósiles pasarán a ser catalogadas como "nuevas playas antiguas playas fósiles".
Para cuando se terminen los actuales proyectos, millones de viviendas estarán en el mar y sus entradas serán tan submarinas como los garajes y primeras plantas, una estación de bombeo estará situada en mitad del mar y bombeará agua salada para regar playas que ocuparán la superficie de los antiguos cultivos de regadío e invernaderos. Durará hasta que las olas invernales la desmonten, es decir poco.
Para entonces las oportunidades se abrirán en el Sáhara, convertido en una tierra apta para millones de viviendas construídas alrededor de campos de golf y unas nuevas costas por edificar donde antes había sólo pedregales. Entonces el norte de África será excedentario en agua y otros deficitarios.
Hasta aquí la profecía, ahora vamos a lo que vamos, no es poco decir que las temperaturas máximas pueden llegar subir 6 grados, en Madrid sobre la máxima histórica llegaría a los 50º centígrados, eso son las temperaturas de los desiertos deshabitados, en Badajoz podría llegarse a los 53º centígrados de máxima. Pero eso es para la totalidad del interior de la península, en las costas, Alicante se podría poner en 47º de máxima en verano a la orilla del mar, como un emirato árabe de clima muy cálido.
Huesca con máximas de 49º en verano seguro que no conservan muchas nieves en sus montañas, por lo que poca agua puede bajar a los cauces. Qué ha pasado con las nieves perpetuas pirenaicas, pues que los hielos permanentes perdieron el 55% de su superficie en 25 años y su regresión continúa, se calcula que a mediados de siglo habrán desaparecido. La regresión de las costas parece que es tan inevitable como trasvasar agua salada.
Los últimos cálculos de la Agencia Estatal de Meteorología, indican que las temperaturas máximas en la España peninsular aumentarán entre tres y seis grados entre 2071 y 2100 respecto al periodo de referencia 1961-1990, y las proyecciones estiman que la temperatura mínima se incrementará entre dos y cinco grados. Un aumento de la temperatura mínima en dos grados en España equivale a decir que lo será en la generalidad del planeta, dos grados más de mínima suponen una subida rápida del nivel del mar. Esto provoca una ocupación de la costa por parte del mar que hará retroceder los deltas para convertirlos en rías al quedar sumergidos.
Las barras de arena costeras y la primera línea de playas serán zona marítima. Subirá el nivel de los humedales costeros por infiltración del agua de mar invadiendo zonas urbanas. Las tierras de cultivo situadas al nivel del mar en las zonas costeras serán ocupadas por el mar. Un incremento de seis grados en las temperaturas máximas hará casi inhabitable el centro peninsular desde primaver a otoño, a ver quién vive en Valdeluz o Seseña en verano con 48 grados centígrados y con aire procedente de cualquier dirección recalentado. Los gastos de refrigeración harán inviable cualquier actividad que no sea pasear camellos del norte al sur de España, vestidos de beduinos para soportar las temperaturas.
Donde lloverá más será en la vertiente sur del Mediterráneo, por lo que como en los tiempos de Roma, el granero será el norte de África. Las costas hispánicas se adaptarán a la descripción que de ellas hicieron los fenicios, griegos y romanos, al recuperar el nivel del óptimo climático romano, por lo que los textos clásicos volverán a ser útiles derroteros náuticos al aparecer islas que ahora son tierra firme. Algunas de las actuales playas fósiles pasarán a ser catalogadas como "nuevas playas antiguas playas fósiles".
Para cuando se terminen los actuales proyectos, millones de viviendas estarán en el mar y sus entradas serán tan submarinas como los garajes y primeras plantas, una estación de bombeo estará situada en mitad del mar y bombeará agua salada para regar playas que ocuparán la superficie de los antiguos cultivos de regadío e invernaderos. Durará hasta que las olas invernales la desmonten, es decir poco.
Para entonces las oportunidades se abrirán en el Sáhara, convertido en una tierra apta para millones de viviendas construídas alrededor de campos de golf y unas nuevas costas por edificar donde antes había sólo pedregales. Entonces el norte de África será excedentario en agua y otros deficitarios.
Hasta aquí la profecía, ahora vamos a lo que vamos, no es poco decir que las temperaturas máximas pueden llegar subir 6 grados, en Madrid sobre la máxima histórica llegaría a los 50º centígrados, eso son las temperaturas de los desiertos deshabitados, en Badajoz podría llegarse a los 53º centígrados de máxima. Pero eso es para la totalidad del interior de la península, en las costas, Alicante se podría poner en 47º de máxima en verano a la orilla del mar, como un emirato árabe de clima muy cálido.
Huesca con máximas de 49º en verano seguro que no conservan muchas nieves en sus montañas, por lo que poca agua puede bajar a los cauces. Qué ha pasado con las nieves perpetuas pirenaicas, pues que los hielos permanentes perdieron el 55% de su superficie en 25 años y su regresión continúa, se calcula que a mediados de siglo habrán desaparecido. La regresión de las costas parece que es tan inevitable como trasvasar agua salada.

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