Se preguntan los titulares porqué somos tan buenos en fútbol. Parece mentira que no se hayan dado cuenta de dónde está el truco. De entrada, no somos, son, que es algo que hay que saber separar, no es lo mismo levantar un edificio que mirar apoyados en las vallas colocadas en torno a la obra. Despejado esto, podemos mirar con más frialdad y distanciamiento las cosas.
Lo primero y más evidente, es que el primer criterio es la meritocracia pura. Los que están tienen méritos más que suficientes para estar. El criterio de selección es meritocrático, y si en lugar de esto hubiera elementos colocados por recomendación y enchufe la máquina no funcionaría.
Además está el criterio estratégico de saber qué usar y cuando para obtener los resultados perseguidos, pura estrategia de la clásica. De mover antes o después la caballería, la artillería y la infantería, y de dónde colocar a cada uno, para hacer qué en qué momento dependió siempre el resultado de las batallas. Pero con malas tropas capitaneadas por inútiles enchufados nunca se ganó ninguna, así que aquí la meritocracia también ha funcionado siempre.
El misterio es no querer ver que lo que funciona es por algo y lo que no funciona también. El problema está en los criterios, que en un caso son de meritocracia verdadera y en el otro parece que no. Los criterios de selección en España tienen que ser necesariamente los contrarios de los de la selección española. Sólo hay que ver los resultados.

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